Durante algún tiempo esta canción de Loquillo fue mi favorita. para horror de mi madre que al escucharme murmuraba:”¡tan rubita y tan mona cantando esa canción tan ordinaria! ¡No le pega nada! :). En estos últimos días me he acordado de aquello ya que refleja, de alguna manera, lo que siento en este principio de curso, con la diferencia de que en lugar del camión a mi me hace falta un aula y un puñadito de alumnos que me sigan el rollo.

Ayer estuve cotilleando las intervenciones de Anibal y de Luis en Burgos dentro de unas Jornadas sobre TIC en orientación y atención a la diversidad. Además de provocarme algo de morriña por nuestro encuentro de Roa, me quedo con una frase de Anibal (perdón si no soy muy exacta…): “la integración de las TICs en el aula es como un tren que ya esta en marcha, pero no podemos perder de vista que la marcha es muuuy lenta, este tren va muy despacio…”. Me parece una afirmación muy acertada, aunque en algunos centros el tren se puso en marcha y se quedo esperando en alguna de las estaciones del camino. Justo en aquella estación dónde la formación a los profesores se resumen en dar cuatro cursos sobre word, excel y derivados y el soporte y mantenimiento se deja en manos de la divina providencia. En los últimos meses me creí que yo solita (¡así, más chula que un ocho!) era capaz de contagiar a la dirección y derivados del centro en el que trabajo con mi visión particular -que no es otra que la que describimos y firmamos en Roa-, y creí, de verás que me lo creí, que podía ayudar a poner en marcha este tren. Pero a fecha de hoy me parece una misión imposible, así que, sencillamente, dejo el papel de defensora de causas imposibles, me retiro a mi aula y a mis clases que como he dicho antes son para mí como el camión del amigo Loquillo.

Sin embargo no abandono ni la idea, ni la visión, ni la ilusión. Creo que si el cambio no viene desde arriba, habrá que acometerlo desde abajo. Así que abandono este tren que se ha parado, pero no el camino. En realidad creo que el trabajo que se realiza a pie de aula es el verdaderamente válido. Y ese trabajo se construye día, a día, hora a hora, dejando un poso en nosotros y en nuestros alumnos que es insustituible.

Y como ha dicho el amigo José Cuerva en algún comentario: yo también estoy harta de quejas (sobre todo de las propias).

Saludos a tod@s. Ya estoy de vuelta. 😉