Vuelve a casa vuelve por…Julio

Para mí Julio es el fin del año: acaba el curso, me despido de Madrid, vuelvo a casa y tengo la sensación de entrar en un paréntesis extraño, en el que dejo de ser nas cosas para ser otras. Esta tarde, sentada en la orilla, viendo la misma bahía, el mismo atardecer de mi niñez recupero la calma interior, el sosiego necesario para poder contemplar las cosas con calma y de manera reflexiva.

A esta orilla he llegado, puntualmente, todos los años de mi vida. En ella siempre he conseguido reencontarme conmigo misma.

Los últimos años he llegado a la orilla cansada: el final del curso, las notas, los exámenes, las reuniones finales del claustro me dejaban exhausta por dentro y por fuera. Necesitaba alejarme de todo para recuperar las energías y las ganas de volver a empezar un nuevo curso. Para afrontar con ilusiones renovadas a los nuevos habitantes de mi aula era obligado esta desconexión o reseteo como yo lo llamo.

El año pasado, sin embargo, estuve en Roa. Y aquello marcó mi final de curso: el compartir experiencias, poner caras a los blogs amigos, las risas, el encuentro en una palabra, obraron el efecto mágico de resetarme de inmediato, de recobrar la ilusión gastada de tanto usarla, de “recargar las pilas”. Al llegar a mi orilla, el año pasado me traje una sonrisa. La sonrisa de quien tiene un gran secreto y lo ha podido publicar a los cuatro vientos.

Este año ha sido Ayerbe. Y ha sido más.Increíble ya lo sé, pero a los incrédulos les invito a leer a mis compañeros, a ver las fotos, a escuchar sus voces… Confieso que creí que el segundo encuentro no sería como el primero. Y, en el fondo, tenía razón: han sido diferentes pero igual de especiales, de únicos.

Esta tarde, en la orilla, mi orilla, he podido desprenderme de tanta actividad, de tantas emociones, de tantos post y me he dado cuenta que ha vuelto a pasar: estoy dispuesta a seguir en camino, mis compañeros son un estímulo constante y un lujo.

Gracias.

PD. Disculpadme el tono, para hasta a las técnicas como yo se les sube el salitre a la cabeza de vez en cuando. 🙂